Los virus son más antiguos que la humanidad

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Los virus son más antiguos que la humanidad

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Los virus son tan viejos como la vida misma, pero los científicos son incapaces de determinar si están vivos. Se inscriben en nuestro ADN, influyendo en la especie humana mediante la mutación y la resistencia.

Están entre nosotros hasta en la sangre y cada día, tocamos centenares de millones. Puesto que la pandemia del coronavirus obliga a los países a tomar medidas de confinamiento inéditas y amenaza el crecimiento económico mundial, conviene plantearse las siguientes preguntas: ¿qué es un virus?, ¿de qué están hechos?, ¿cuál es su origen?

Orígenes

Virus

Aunque sus orígenes son inciertos aunque dejaron su huella durante casi toda la vida en la Tierra, incluido entre los humanos.

Alrededor de 8% del genoma humano es de origen viral, es decir, los restos de antiguos virus que nos infectaron y ante los cuales se desarrolló una tolerancia a nivel de la especie.

Pero su historia empieza mucho antes que la humana. “Creemos que estuvieron presentes desde el principio (de la vida en la Tierra)”, comenta Curtis Suttle, virólogo de la Universidad de British-Columbia, en Canadá.

Tamaño

Virus

Una manera de entender a los virus es a través de cifras para aproximarnos a su desarrollo. Suttle dice que «las propiedades físicas de los virus dificultan su comprensión».

Para empezar, su pequeño tamaño. Si cada virus presente en un cuerpo humano alcanzara el tamaño de una cabeza de alfiler, el adulto medio alcanzaría una altura de 150 kilómetros. En un estudio de 2018, Suttle descubrió que más de 800 millones de virus se depositaban en cada metro cuadrado de la Tierra cada día.

Un artículo publicado en 2011 en la revista Nature Microbiology estimaba que había más de un quintillón -un 1 seguido de 30 ceros- de virus en la Tierra.
Si se colocaran uno al lado del otro, formarían una fila de 100 millones de años luz, es decir, 1,000 veces la longitud de la Vía Láctea.

Qué son los virus

Virus

Según Teri Shors, profesora de biología de la Universidad de Wisconsin Oshkosh y autora de varios libros sobre la materia, los virus pueden tratarse como “paquetes moleculares”.

Como se trata esencialmente de cadenas de material genético contenidas en varias moléculas de proteínas, ocupan un extraño lugar entre lo vivo y lo inerte. “Estos envoltorios deben ser suficientemente pequeños para caber en el interior de una célula con el fin de provocar una infección”, explica Shors.

Una vez que penetran en su huésped, los virus piratean las células con nuevas instrucciones genéticas para replicarse a una velocidad vertiginosa.

No todos los virus son malos

Viral

Los virus nos preocupan porque nos enferman. En estos últimos años, se registró un auge de enfermedades infecciosas virales, desde la epidemia actual del coronavirus hasta la del síndrome respiratorio agudo severo a principios de los años 2000 y el ébola en África occidental y central.

Pero también pueden ser beneficiosos. “Casi todos los virus son inofensivos para los humanos”, según Ed Rybicki, virólogo de la Universidad de El Cabo. Incluso muchos son beneficiosos para la salud humana, infectando otros organismos que de lo contrario nos perjudicarían.

Otra ventaja: la absorción de carbono por parte de las algas oceánicas, que contribuye a purificar el aire que respiramos, se acelera con los virus.

También tienen aplicaciones en el ámbito de la salud, pues las vacunas se derivan de virus debilitados o muertos; un nuevo sector de tratamiento, La Viroterapia, desarrolla nuevas formas de tratar enfermedades como el cáncer.

Para Rybicki, que ha dedicado gran parte de su vida profesional a estudiarlos, lo más increíble es que todavía siguen escondiendo muchos misterios. “Son los organismos más diversificados de nuestro planeta (…) y todavía no sabemos nada de ellos”.

El reciente hallazgo de virus gigantes muestra que todavía son capaces de sorprendernos.

Acerca del Autor

Pienso que si perdemos la curiosidad no hay nada; no hay reflexión y, por tanto, no hay conocimiento y no hay ninguna posibilidad de saber, de llegar al final de algo. Sin curiosidad, directamente no estás vivo.